Localización
Villadún, parroquia de Barres, Castropol
Denominación
El Corno, O Corno, La Rubia, El Castelo (islote en frente)
Historiografía
Citado por Pérez Pasarón y Lastra para el Diccionario geográfico-histórico de Asturias (1802) y por G. Teijerio (1900) con la denominación de La Rubia. Reconocido el 10 de junio de 1964 por José Manuel González y Fernández Valles como La Punta del Corno; ha sido descrito en un estudio de los castros costeros asturianos con la denominación incorrecta de O Corno (Camino Mayor, 1995) y por Fanjul Peraza (2004, 2014). Incluido en el Inventario Arqueológico del concejo de Castropol realizado en 1992 por Jorge Camino Mayor y Yolanda Viniegra Pacheco.
Régimen de Protección Legal
Incluido en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias (IPCA) el 23 de diciembre del 2013 y en el Catálogo Urbanístico de Castropol.
Descripción Arqueológica
Se emplaza en una península costera de forma alargada y en una banda antepeninsular que le precede. Salvo este sector, el conjunto está rodeado por acantilados en todas sus laderas.
El profesor González lo incluyó dentro de los grandes castros del litoral lucense, definiéndolo como castro de grandes dimensiones conformado tres recintos fortificados. (González y Fernández, 1978).
Con la denominación de O Corno, ha sido descrito por Camino Mayor (1995) como un recinto de grandes dimensiones, de unos 262 x 74 metros, dividido en dos espacios delimitados por el sistema defensivo que se distribuyen por la banda continental y toda la península, con una superficie entre ambos de 2,8 hectáreas. El recinto externo está delimitado en el frente meridional por un foso y un parapeto, de los que sólo se conservan dos segmentos en los extremos que acota el área antepeninsular de acantilado a acantilado dando lugar a un espacio que alcanza un ancho máximo que no supera los 60 metros. El siguiente conjunto de defensas cortan el cuello de la península y está compuesto por un gran foso seguido de dos terraplenes. El foso, pese a estar muy colmatado, aún presenta un ancho de hasta 20 metros, siendo su escarpe interno un talud de 4,5 metros de altura. A éste le sigue un aterrazamiento de 25 metros de ancho que culmina en otro talud de 2 metros de altura, ya en la cabecera del recinto peninsular. Colgado en la pared del acantilado se aprecia un muro construido con lajas tabulares de pizarra que parte de la roca base. Es el testimonio residual de los restos de una muralla de 2,5 metros de ancho y 3 de altura que coronaba el talud. Otra estructura con características similares localizada hacia el interior del recinto y también colgada en el acantilado, ha sido interpretada como la cimentación de una polea para la extracción del ocle. El recinto peninsular es de planta subrectangular y ocupa una superficie de 2,1 hectáreas. Es bastante plano salvo en el extremo septentrional de la península, donde el terreno ligeramente se inclina hacia el NW (Camino Mayor, 1995).
Fanjul Peraza (2004, 2014) lo describe como oppidum, siendo uno de los mayores castros del occidente de Asturias, con unas dimensiones de 262 x 74 metros. El enclave no ocupa solamente el espolón costero del Corno sino que, “mediante sucesivas defensas artificiales en el sector Sur, fue ampliando su superficie habitable.” Lo más destacable del yacimiento, además de sus dimensiones, es “la monumentalidad de sus defensas, hoy en día muy afectadas por actividades agrícolas, pero cuyas huellas siguen mostrando una potente estructura defensiva.” Esta se compone de dos grandes fosos parcialmente colmatados que cortan el acceso por el frente meridional y varios taludes que alcanzan la altura de 6 metros. La profundidad de los fosos llega a los 4 metros en algunos sectores, hallándose parcialmente colmatados en amplias zonas del frente meridional, el sector más alejada del castro (Fanjul Peraza, 2004, 2014).
Cultura Material
De fases ocupacionales romanas se tiene constancia del hallazgo de una inscripción con numerales romanos en el extremo terminal de la península (Diego Santos, 1985) de la que el estudioso local García Teijeiro refiere que estaba «mutilada y borrosa, casi desaparecida como otras varias que muy cerca de ella había (García Teijeiro, 1900). Dicho autor refiere que los trabajos agrícolas realizados en el yacimiento sacaron a la luz un «gran número de cacharros, unos fabricados groseramente y otros más consistentes y perfeccionados, de color negruzco, a la vez que molinos de mano y un fuste de columna perfectamente labrado, lajas y espesos cimientos de edificios, como también escorias, carbones, ladrillos, hormigón, hornos en abundancia, piedras calcinadas y un bien conservado kjoekken-moeddings (basurero), descubierto por el que eso escribe, en el que se halla en abundancia valvas de mojigones, de conchas de mar, ostráceos y otros moluscos, formando un depósito que se eleva a un metro de alto por otro de ancho con una extensión de 25 a 30 metros o más. De él recogí hace días, muelas y huesos…» (García Teijeiro, 1900). También hay constancia del hallazgo de un depósito de fragmentos de cerámica cepillada muy pequeños y rodados localizados en un nivel estratificado en el acantilado oriental, por delante del castro. De pasta muy frágil, color naranja-ceniciento con abundantes desgrasantes de cuarzo, han sido vinculados con período romano, del siglo I d.C (Camino Mayor, 1995).
Igualmente, el siglo pasado, durante el estudio geomorfológico de la costa cantábrica, se analizó mediante C14 una muestra de un conchero localizado en el extremo oriental del foso interior del castro que reportó una cronología de 1920± 110 años a. C. (Mary, Medus y Delibrias, 1975). Se ha interpretado como un vertedero perteneciente al poblado, que habría que enmarcar en el «segundo tercio del siglo I d.C.»(Camino Mayor, 1995).
Dentro de fases ocupacionales sin confirmar, se refieren los restos de un edificio de grandes dimensiones compuesto de varias estancias relacionado con una mina, así como el hallazgo de «fragmentos de materias calcinadas, carbones, cal, escoria, restos de metales y hornillos…». El dueño del terreno se apresuró a desmantelar la estructura que fue cubierta con los escombros (Madoz, 1985; Camino Mayor, 1995). También hay noticias de la aparición de un molino giratorio completo que estaba en posesión de un vecino de Figueras (Camino Mayor, 1995).
Periodización
Todos estos hallazgos y referencias muestran que el castro probablemente estuvo romanizado, sin descartar una fase anterior de la Edad del Hierro al igual que se ha constatado en otros yacimientos cercanos.
Estado de conservación
A parte del desmantelamiento y explanación parcial de las defensas provocado por la presión agrícola el extremo terminal de la península se usó como cantera de arenas y cantos rodados (Camino Mayor, 1995). Sobre estas afecciones decía el profesor González, que se habían realizado «movimientos de tierra en la Pena la Rubia, que corresponde al extremo del cabo, donde se halla el recinto más avanzado» (González y Fernández, 1978).
Igualmente, el lugar ha sido objeto de numerosos saqueos ya que «en la primera mitad del pasado siglo fue muy visitado y explotado este campamento de la Rubia por los pueblos cercanos y aún distantes, con el fin de recoger curiosos objetos y de hallar los consabidos tesoros de los moros» (García Teijerio, 1900).
Fotomontaje de vuelo americano de 1956 e imagen de CNIG de 2018. (Imagen: Eduardo Pérez-Fernández © 2020)
Leyendas y tradiciones
El islote en frente del yacimiento recibe el nombre de El Castelo (Camino Mayor, 1995).
Bibliografía
CAMINO MAYOR, J. (1995), Los castros marítimos en Asturias, Fuentes y Estudios de Historia de Asturias, 7, RIDEA, Oviedo.
FANJUL PERAZA, A.(2005) Los Castros de Asturias, una revisión territorial y funcional. Ayuntamiento de Teberga.
FANJUL PERAZA, A.(2014) Los Astures y el Poblamiento Castreño en Asturias. Tesis Doctoral. Universidad Autónoma de Madrid.
GARCÍA TEIJEIRO, M. (1900): Monumentos megalíticos de Porcia. Concejo de Tapia (Asturias). Talleres Tipográficos de G. Castro, San Pedro 29. Lugo
GONZÁLEZ Y FERNÁNDEZ-VALLES, J. M. (1976), Miscelánea Histórica Asturiana. Oviedo.
GONZÁLEZ Y FERNÁNDEZ-VALLES, J. M. (1978), Asturias protohistórica, Historia de Asturias, 2, Ed. Ayalga, Salinas.
MARTÍNEZ MARINA, F. (1802): Papeles para el Diccionario geográfico-histórico de Asturias. Tomo I, Edición de Florencio Friera Suárez. KRK Ediciones. Oviedo (2019).
MARY, G., MEDUS, J. & DELIBRIAS, G. (1975) «Le Quaternaire de la cote asturiense (Espagne)». Bulletín de l’Asociatión française pour l’etude du Quaternaire, 42; pp.12-23.
MAYA GONZÁLEZ, J.L. (1988): La cultura material de los castros asturianos. Estudios de La Antigüedad 4/5. Publicacions de la Universitat Autónoma de Barcelona.

