El Castelón de Serantes

El Castelón de Serantes

El Castelón o Campón de Serantes  (Imagen: Eduardo Pérez-Fernández © 2017)

Localización

Cercanías de Cornayo, parroquia de Serantes, concejo de Tapia.

Catalogación

Descubierto y denominado como El Campón por José Antonio Labandera Campoamor en 1967 (Labandera, 1968. 484-485), siendo también reconocido por el profesor José Manuel González en 1968 que lo incluyó en su catálogo de castros como castro costero de muy grandes dimensiones del sector lucense (González y Fernández Valles, 1976, pp. 236-237).

Estudiado por Jorge Camino Mayor durante la elaboración de su tesis de licenciatura en 1989 (Camino Mayor, 1995, pp. 46-49) y posteriormente añadido a la Carta Arqueológica Provincial en 1991 (Maradona Adiego y Martínez Faedo, 1995. pp.174-175). En una reciente revisión del inventario, se volvió a verificar su localización, planimetría y los daños sufridos además del área de protección delimitada (Monte López, 2014, pp. 545-549).

 

Régimen de Protección Legal

Incluido en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias (IPCA) del 31 de mayo de 2011 y en el Catálogo Urbanístico de Protección del concejo de Tapia.

Descripción

Se emplaza en la pequeña península de Camplongo, a unos 500 metros al Este de la playa de El Sareyo, donde también desemboca el arroyo de Casteda o Piélagos y a la misma distancia, pero hacia el Este, del Castelo del Esteiro.

Aprovecha las extraordinarias condiciones defensivas de un saliente acantilado de profundas entalladuras salvo por el frente meridional, justo por donde se une con el continente.

En este sector es donde se concentraron los trabajos defensivos que consistieron en un imponente sistema de tres líneas de fosos y dos parapetos que, con ayuda de la propia orografía de la península, dificultaban el acceso al recinto principal (Camino, 1995:46-49).

 

 Según el análisis de la información LIDAR el área total acotada por este complejo defensivo ocupa una extensión total unos 32.000 m² y está dividida en 2 recintos, uno en la propia península y otro en la zona continental. El meridional, delimitado por las dos primeras líneas defensivas es una estrecha franja de unas 5.400 m² de la que ignoramos su funcionalidad. Pasado todo el complejo defensivo y ocupando la totalidad de la península se abre el recinto principal, con una superficie de 15.600 m².

 

MDT elaborado con datos LIDAR. Fuente: LIDAR-PNOA © Instituto Geográfico Nacional de España.  (Diseño: Eduardo Pérez-Fernández © 2020)

La línea defensiva más externa estaba conformada por un foso y un parapeto que arrancaban alineados con los otros elementos defensivos desde los acantilados orientales aunque con un trazado más abierto que finaliza en la vertiente occidental, unos metros más al sur que los otros elementos defensivos, justo antes de una escotadura del mar. Aunque mayormente colmatado, aún se puede intuir su trazado original, que debía alcanzar los 290 metros de longitud. El foso tenía un ancho de 2 metros y una profundidad de 1.50 metros y la pared interna del parapeto tiene una altura de 1.50 metros (Camino, 1995:46-49).

 

Detalle de estructuras defensivas del sector occidental (Imagen: Eduardo Pérez-Fernández © 2017)

El siguiente elemento defensivo estaba formado también por el binomio foso y parapeto, iniciándo su recorrido encajonado entre la línea defensiva externa y la interna, para luego continuar en paralelo con esta última hasta su conclusión en el frente oeste. Los dos extremos que persisten del foso tienen un ancho y profundidad de 2 metros. El parapeto presenta una altura máxima de 1.50 metros (Camino, 1995:46-49).

 

Líneas defensivas desde el Este (Imagen: Eduardo Pérez-Fernández © 2018)

El último elemento defensivo estaba compuesto por un gran foso tallado en la roca que cortaba el acceso a la península a lo largo de 207 metros y que aún conserva un ancho de hasta 4 metros y una profundidad en torno a los 3,5 metros. Su escarpe interior es un potente terraplén corrido de más de 5 metros de altura que debía culminar en una muralla hoy oculta pero que años atrás dejaba ver parte de sus derrumbes (Labandera, 1970:65).

Periodización

Al igual que los otros grandes poblados fortificados que se distribuyen por la costa entre el Eo y el Navia, este yacimiento ha sido interpretado por algunos autores como un instrumento al servicio de la minería romana y a la vez una consecuencia de ésta, fechándolo entre los siglos I a.C. hasta finales del I d.C o inicios del II d.C (Camino, 1995:219).

Debido a a la revisión de las intervenciones arqueológicas realizadas años atrás en otros yacimientos semejantes y a la información obtenida de nuevas excavaciones se confirmó que podían tener un origen más antiguo, como mínimo en la Edad del Hierro pasando a convertirse en poblados mineros dedicados a la explotación del oro después de su integración en el mundo romano. (Villa, 2007:277-281).

Estado de conservación

Tanto el frente oriental como el opuesto, justo sobre los acantilados, son los únicos espacios donde se pueden distinguir más claramente los elementos defensivos de la fortificación ya que los restantes presentan un estado de conservación bastante malo debido a la acción antrópica sufrida durante años.

 

Fotomontaje realizado con un MDT y una fotografía aérea Interministerial 1973-86. Fuente: IDEG  (Montaje: Eduardo Pérez-Fernández © 2020)

De los 290 metros de longitud que debía tener el conjunto formado por el foso externo y su parapeto apenas se conservan 55 metros en el extremo occidental y 15 metros en el oriental. El foso ha sufrido unos niveles de colmatación tan potentes que de él solo se puede reconocer una leve depresión en el terreno es sus segmentos terminales. No mejor suerte sufrió el parapeto que le seguía, del que queda, a modo de testigo, solo un escalón térreo de un metro y medio de altura que además ha sido atravesado por el camino de acceso en su trazado central.

Del segundo sistema de defensas, al igual que en el caso anterior, solo se conserva su segmento más occidental, unos 60 metros entre dos entrantes del mar, y el oriental de apenas unos 20 metros, ambos con una profundidad que no supera el medio metro y el parapeto no llega al metro y medio. El último foso y el terreplén que le sigue, son los elementos mejor conservado del conjunto.

De 32.000 m² de superficie total del yacimiento arqueológico, el porcentaje afectado por la acción antrópica es de un 21.4% por lo que lo incluimos en los recintos fortificados que presentan un estado de conservación regular.

Leyendas y tradiciones

El lugar era atribuído a los moros, denominándose un paraje del acantilado como Cova del Ouro (Camino, 1995:49).

Bibliografía General

CAMINO MAYOR, J. (1995), Los castros marítimos en Asturias, Fuentes y Estudios de Historia de Asturias, 7, RIDEA, Oviedo. págs. 46-49.

GONZÁLEZ Y FERNÁNDEZ-VALLES, J.M.
-(1976), Miscelánea Histórica Asturiana. Oviedo.
-(1978), Asturias protohistórica, Historia de Asturias, 2, Ed. Ayalga, Salinas.

LABANDERA CAMPOAMOR, J.A.
-(1968): “Identificación y estudio del Castelo del Esteiro”, en B.I.D.E.A., 68. Oviedo.
-(1970): “Castros de Occidente. Primer avance”, en B.I.D.E.A, 66. Oviedo
-(1970): “La cultura de los castros”, en B.I.D.E.A, 69. Oviedo

MARADONA ADIEGO J.A., MARTÍNEZ FAEDO, L. (1995) Inventario arqueológico del concejo de Tapia de Casariego. En: Excavaciones arqueológicas en Asturias 1991-94. 1ª edición. Oviedo: Servicio de Publicaciones del Principado de Asturias; p.174-175

MONTES LÓPEZ, R. (2014) Revisión del inventario arqueológico de Tapia de Casariego. En: Excavaciones arqueológicas en Asturias 2007-2012. 1ª edición. Oviedo: Servicio de Publicaciones del Principado de Asturias; p.543-549

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