El Corno de Villadún

Vista general de El Corno de Villadún, (Imagen: Eduardo Pérez-Fernández © 2020)

Localización

Villadún, parroquia de Barres, Castropol

Catalogación

Identificado en 1964 por José Manuel González y Fernández Valles como La Punta del Corno, será descrito por Jorge Camino en su estudio de los castros costeros asturianos con la denominación incorrecta de O Corno (Camino,1995:37-42). Incluido en la Carta Arqueológica del concejo de Castropol realizada en 1992 por Jorge Camino Mayor y Yolanda Viniegra Pacheco. 

Régimen de Protección Legal

Incluido en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias (IPCA) el 23 de diciembre de 2013 y en el Catálogo Urbanístico del concejo. 

Descripción

Se emplaza en una península costera de forma alargada y en una banda antepeninsular que le precede. Salvo este sector, el conjunto está rodeado por acantilados en todas sus laderas. El profesor González lo incluyó dentro de los grandes castros del litoral lucense, describiéndolo como «uno de los castros de mayores dimensiones y posee tres recintos fortificados» (González, 1978:237).

 

Planimetría con representación de  las estructuras reconocidas a partir de datos LIDAR (PNOA 2012) (Diseño: Eduardo Pérez-Fernández © 2020)

Siguiendo la descripción de Jorge Camino, el recinto es de grandes dimensiones, unos 262 x 74 metros y se divide en dos espacios bien definidos por el sistema defensivo, el conformado por la banda continental y el que abarca toda la península, ocupando entre ambos una superficie de 2,8 hectáreas (Camino, 1995:38-40). 

 

Aparato defensivo del castro de El Corno (Imagen: Eduardo Pérez-Fernández © 2018)

El recinto externo está delimitado en el frente meridional por un foso y un parapeto, de los que sólo se conservan dos segmentos en los extremos que acota el área antepeninsular de acantilado a acantilado dando lugar a un espacio que alcanza un ancho máximo que no supera los 60 metros.

El siguiente conjunto de defensas cortan el cuello de la península y está compuesto por un gran foso seguido de dos terraplenes. El foso, pese a estar muy colmatado, aún presenta un ancho de hasta 20 metros, siendo su escarpe interno un talud de 4,5 metros de altura. A éste le sigue un aterrazamiento de 25 metros de ancho que culmina en otro talud de 2 metros de altura, ya en la cabecera del recinto peninsular. (Camino, 1995:38-40).

Vista en sección del frente oriental, donde se aprecia el sistema defensivo de El Corno (Imagen: Eduardo Pérez-Fernández © 2020)

Colgado en la pared del acantilado se aprecia un muro construido con lajas tabulares de pizarra que parte de la roca base. Es el testimonio residual de los restos de una muralla de 2,5 metros de ancho y 3 de altura que coronaba el talud. Otra estructura con características similares localizada hacia el interior del recinto y también colgada en el acantilado, ha sido interpretada como la cimentación de una polea para la extracción del ocle (Camino, 1995:38-40).

El recinto peninsular es de planta subrectangular y ocupa una superficie de 2,1 hectáreas. Es bastante plano salvo en el extremo septentrional de la península, donde el terreno ligeramente se inclina hacia el NW.

Periodización

Del lugar, también denominado como Peña la Rubia, se tienen numerosas referencias de hallazgos recopilados por Jorge Camino durante el estudio del yacimiento (Camino, 1995:40-42):

  • Un edificio de grandes dimensiones compuesto de varias estancias relacionado con una mina. Se refiere el hallazgo de «fragmentos de materias calcinadas, carbones, cal, escoria, restos de metales y hornillos…». El dueño del terreno se apresuró a desmantelar la estructura que fue cubierta con los escombros (Madoz, 1985 y Camino, 1995:38-40).
  • Hallazgo de una inscripción numeral romana en el extremo terminal de la península (Diego Santos, 1985). El estudioso local García Teixeiro refiere que estaba «mutilada y borrosa, casi desaparecida como otras varias que muy cerca de ella había (García Teixido, 1900)
  • El mismo autor, que califica el lugar de campamento, refiere que los trabajos del campo sacaron a la luz «gran número de cacharros, unos fabricados groseramente y otros más consistentes y perfeccionados, de color negruzco, a la vez que molinos de mano y un fuste de columna perfectamente labrado, lajas y espesos cimientos de edificios, como también escorias, carbones, ladrillos, hormigón, hornos en abundancia, piedras calcinadas y un bien conservado kjoekken-moeddings (basurero), descubierto por el que eso escribe, en el que se halla en abundancia valvas de mojigones, de conchas de mar, ostráceos y otros moluscos, formando un depósito que se eleva a un metro de alto por otro de ancho con una extensión de 25 a 30 metros o más. De él recogí hace días, muelas y huesos…» (García Teixido, 1900)
  • El siglo pasado, durante el estudio geomorfológico de la costa cantábrica, se analizó mediante C14 una muestra de un conchero en el extremo oriental del foso interior del castro, reportando una cronología de 1920± 110 años a. C. (Mary, Medus y Delibrias, 1975).
  • Jorge Camino también describe un molino giratorio completo, en posesión de un vecino de Figueras, así como un depósito de fragmentos cerámicos pequeños y muy rodados en un nivel estratificado en el acantilado oriental, por delante del castro. Eran de pasta muy frágil, color naranja-ceniciento con abundantes desgrasantes de cuarzo (Camino, 1995:41-42).

Todos estos hallazgos y referencias muestran que el castro probablemente estuvo romanizado sin descartar una fase anterior de la Edad del Hierro al igual que sucede en otros yacimientos cercanos.

 

Estado de conservación

A parte del desmantelamiento y explanación parcial de las defensas provocado por la presión agrícola, se usó como cantera de arenas y cantos rodados el extremo terminal de la península (Camino, 1995:40). Sobre estas afecciones decía el profesor González, «últimamente, se han realizado movimientos de tierra en la Pena la Rubia, que corresponde al extremo del cabo, donde se halla el recinto más avanzado (González, 1978:237)

Igualmente, el lugar ha sido objeto de numerosos saqueos ya que «en la primera mitad del pasado siglo fue muy visitado y explotado este campamento de la Rubia por los pueblos cercanos y aún distantes, con el fin de recoger curiosos objetos y de hallar los consabidos tesoros de los moros» (García Teixeiro, 1900). 

Fotomontaje de vuelo americano de 1956 e imagen de CNIG de 2018.  (Imagen: Eduardo Pérez-Fernández © 2020)

Leyendas y tradiciones

El islote en frente del yacimiento recibe el nombre de El Castelo (Camino, 1995:38-40). 

 

Bibliografía

CAMINO MAYOR, J. (1995), Los castros marítimos en Asturias, Fuentes y Estudios de Historia de Asturias, 7, RIDEA, Oviedo.

FANJUL PERAZA, A.(2004) Los Castros de Asturias, una revisión territorial y funcional. Ayuntamiento de Teberga.

FANJUL PERAZA, A.(2014) Los Astures y el Poblamiento Castreño en Asturias. Tesis Doctoral. Universidad Autónoma de Madrid.

GARCÍA TEIXEIRO, M. (1900) Monumentos megalíticos de Porcía. Concejo de Tapia. Asturias

GONZÁLEZ Y FERNÁNDEZ-VALLES, J. M. (1976), Miscelánea Histórica Asturiana. Oviedo.

GONZÁLEZ Y FERNÁNDEZ-VALLES, J. M. (1978), Asturias protohistórica, Historia de Asturias, 2, Ed. Ayalga, Salinas.

MARY, G., MEDUS, J. & DELIBRIAS, G. (1975) «Le Quaternaire de la cote asturiense (Espagne)». Bulletín de l’Asociatión française pour l’etude du Quaternaire, 42; pp.12-23.

MAYA GONZÁLEZ, J.L. (1988): La cultura material de los castros asturianos. Estudios de La Antigüedad 4/5. Publicacions de la Universitat Autónoma de Barcelona.

 

 

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