El Picu San L.luis

El Picu San L.luis

Vista general del Picu San L.luis. (Imagen: Eduardo Pérez-Fernández © 2018)

Localización

San Martín de Beduledo, parroquia de Celón.

Catalogación

Historiográficamente conocido como San Chuis, fue descubierto por José Lombardía Zardaín en 1952 y reconocido como castro en 1955 por Francisco Jordá Cerdá y Carlos María de Luis. Posteriormente, el 23 de julio de 1962, José Manuel González y Fernández Valles visitará el yacimiento y lo añadirá a su catálogo de castros de 1966. El yacimiento igualmente será incluido en la Carta Arqueológica del concejo de Ayande elaborada en 1990 por Jorge Camino Mayor y Yolanda Viniegra Pacheco.

Régimen de Protección

Incluido en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias (IPCA) del 23 de diciembre del 2013 y en Catálogo Urbanístico de Ayande. Declarado como Bien de Interés Cultural (BIC) el 14 de Mayo de 2014.

Descripción

Se emplaza en lo alto de un pico con una cota comprendida entre 740 y 780 metros sobre el nivel del mar que remata una pequeña sierra limitada por dos pequeños ríos. 

Según Jesús F. Jordá Pardo, aparte de las defensas naturales del promontorio el castro fue dotado de un complejo sistema defensivo que protegía sus vertientes N, E y W haciéndolo inexpugnable. Todo el perímetro del recinto se encuentra rodeado por una muralla de módulos compuesta hacia el N por un muro de unos 2 metros de anchura pero que en el ángulo NE llega a los 4 metros, duplicándose en el frente oriental mediante un bastión delantero en la zona de acceso. La entrada está conformada por un basamento escalonado y delimitado por su lado opuesto por otra estructura pétrea de grandes dimensiones atravesada por un umbral.

Muralla de módulos en el Picu San L.luis. En la parte derecha, se aprecia un derrumbe de la misma, justo en el sector de unión de los módulos. (Imagen: Eduardo Pérez-Fernández © 2018)

Los elementos defensivos que complementan esta muralla se componen de un primer foso en el frente E, que delimita un antecastro, y un conjunto de cinco fosos sucesivos asociados a parapetos intermedios. Éstos se concentran en la vertiente meridional, la de mayor accesibilidad por ser la zona de unión del pico con la sierra y culminan en el bastión.(Jordá Pardo, 2009:52)

Sistema de fosos y contrafosos del Picu San L.luis. (Imagen: Eduardo Pérez-Fernández © 2018)

Las numerosas excavaciones arqueológicas que se llevaron a cabo en el lugar sacaron a la luz dos áreas bien diferenciadas. El denominado “barrio bajo”, se extiende en el ángulo NE del emplazamiento y está caracterizado por el predominio de las estructuras circulares, unas 15, con muros de aparejo irregular de pizarra trabada con barro y una circular, además de dos remodelaciones en estructuras circulares a las que se les han añadido muros rectilíneos, formando estructuras complejas con varias habitaciones.

Barrio Bajo del Picu San L.luis. (Imagen: Eduardo Pérez-Fernández © 2018)

El “barrio alto”, situado en la acrópolis del poblado, se caracteriza por unas construcciones rectangulares levantadas tanto con sillarejo de pizarra y, algunas, con sillares de arenisca, así como 4 circulares que fueron arrasadas por muros rectilíneos añadidos. La superposición de las construcciones de planta cuadrada y rectangular sobre las de forma curvilínea muestra las diferentes fases cronológicas registradas en el yacimiento.

Barrio alto del Picu San L.luis. (Imagen: Eduardo Pérez-Fernández © 2018)

Según José Luis Maya, la planta del castro «revela un sistema de defensas periféricas en torno a un núcleo aproximadamente triangular, que constituiría el recinto de la parte habitada. Su base septentrional no alcanza los 100 metros y los otros lados son ligeramente mayores.”

Comparte la descripción del aparato defensivo la del profesor González, es decir, un primer elemento defensivo compuesto por un gran foso en el sector occidental que protegería una amplia área o antecastro y a continuación una serie de 5 fosos y contrafosos sucesivos que culminarían en un bastión torreón defensivo.

“Las fortificaciones artificiales prosiguen en forma de muralla hacia el Este, donde se aprecia el acceso y prácticamente se minimiza hacia el Norte, donde se reducen a un simple muro de unos 2 metros de anchura, ya que el desnivel es aquí rápido y hace innecesarias otras precauciones. La muralla oriental casi duplica este grosor y se alza siguiendo un sistema de elevación de sectores independientes, oblongos y con paramento en todo su perímetro, que se yuxtaponen unos a otros, según el modelo de “muralla de módulos”.

Dicha cerca se compone de “un conjunto de 6/7 módulos que se suceden a lo largo de unos 76 metros hasta la abertura de la puerta, cuyas proximidades está definidas por un muro transversal, que recuerda mucho la muralla avanzada de la Campa Torres, aunque aquí el grado de deterioro impide valorar si nos encontramos ante dos estructuras simétricas. La puerta se fundamenta en un basamento escalonado y se delimita por el lado opuesto por otro muro de grandes dimensiones, contando con un umbral a modo de encaje que podría sugerir una plancha levadiza, a la manera propuesta para Coaña.” (Maya, 1988:52-61) 

Según Alfonso Fanjul Peraza se trata de un castro de grandes dimensiones, de unos 120 x 120 metros y orientación en N-S.

El sistema defensivo está compuesto por una muralla, y un “conjunto defensivo multivallado de 4 fosos en sus vertientes Sur y Suroeste, con algún elemento disperso en el Noreste, mientras que el resto de sus vertientes están protegidas por una pendiente natural, más pronunciada en su sector Noroeste. Actualmente puede observarse como las líneas de defensas dejan una especie de pasillo intermedio que recorre el sistema de fosos y contrafosos en sus líneas 2, 3 y 4, mientras que la primera línea, la ubicada en la parte más exterior de las defensas, está completamente cerrada, lo que pensamos cubría una entrada interior que obligaba a recorrer la casi totalidad de su cara interna. Las dimensiones de estos elementos en la actualidad apenas superan los 2 metros de profundidad y 2 metros de altura, dependiendo del tipo de estructura al que nos refiramos, y esto es debido seguramente a un continuo proceso de erosión.” (Fanjul, 2014:276)

Según José Manuel González el castro posee “un recinto triangular de unos 90 metros de longitud en su lado NE y 120 metros aproximadamente en los lados contiguos, de superficie aplanada, suavemente basculada de Sur a Norte; y un formidable aparato defensivo que se simplifica al Norte del castro al estar suplido en parte por la elevada y pronunciada pendiente de la ladera del cordal.”

“Las obras defensivas del castro se intensifican especialmente en el ángulo Oeste del recinto, por ser el punto más accesible, donde la muralla que lo circunda poseía un fuerte bastión, al que siguen en descenso paralelo seis fosos que abrazan los lados contiguos del recinto alcanzando gran longitud, como el foso quinto que, por el lado Sur, pasa de 300 metros.”(González, 1976b:84-85 y 1978:211-212)

Periodización

Fue excavado por el profesor Francisco Jordá Cerdá en 1962 y 1963, retomando las intervenciones arqueológicas en 1979 hasta mediados de los años ochenta, en 1986.

 

En cuanto a la cultura material se han documentados diversos fragmentos de cerámica indígena lisa y cantidades menores decorados con líneas bruñidas o estampillados de círculos concéntricos y SSS. Las cerámicas romanas son las más abundantes, siendo las sigillatas itálicas y las gálicas escasas, dos fragmentos, frente a las hispánicas fechadas a mediados del I y el II. Para las fases más tardías “alguna cerámica a peine o con decoración de ondas incisas, así como algún fragmento de cocción a altas temperaturas que produce sonido metálico,” que parecen indicar una ocupación residual entre las ruinas de las edificaciones romanas. (Maya, 1988:60)

 

También aparecieron dos fíbulas de botón fechadas en el siglo I d.C (Maya, 1988:97), un ejemplar de fíbula simétrica,  de época romana (Maya, 1988:98), otro de fíbula romana de tipo Aucissa, también con una cronología en el siglo I d.C (Maya, 1988:104-105), así como dos prendedores laciformes (Maya, 1988:105), dos hebillas anulares (Maya, 1988:107) y dos fragmentos de placas de cinturón (Maya, 1988:107-108).

En lo referente los materiales líticos se documentó un molino barquiforme de granito (Maya, 1988:260) así como algunos fragmentos de tipo oblongo y borde plano (Maya, 1988:262). Destacar también una moneda atribuida a Tiberio, un tablero de juego o cálculo piqueteado sobre el umbral de una de las cabañas del sector meridional y, sobre todo, una cabeza insculpida en piedra, que fue interpretada por su descubridor como representación de Hermes y que hoy se considera una muestra rústica del arte provincial de época romana (CALO, 1994: 721).  

 

Cabeza insculpida en piedra del Picu San L.luis y que se conserva en el Museo Arqueológico de Asturies. (Imagen: Eduardo Pérez-Fernández © 2018)

A partir de fechas 14C calibradas, la estratigrafía documentada y los materiales recuperados se han reconocido tres fases de ocupación que arrancan en la Primera Edad del Hierro y finalizan en período romano, abarcando un lapso cronológico aproximadamente de un milenio.

La ocupación más antigua corresponde a la Primera Edad del Hierro, entre 830 y 420 cal BC, la fase intermedia se enmarcaría en la Segunda Edad del Hierro, entre 700 y 130 cal BC y la última correspondiente a época romana abarcaría desde el 110 cal. BC al 530 cal AD. (Marín Suárez et al., 2008; Jordá Pardo et al., 2011)

En base a su ubicación en una posición dominante sobre otros castros, controlando el punto donde se unen varias vías romanas (la proveniente de Astorga, la que cruzaba transversalmente la región y las “rutas del oro” que discurrían por las sierras de Valledor), su cercanía a importantes explotaciones auríferas, así como sus grandes dimensiones, el Picu de San L.luis pudo haber ostentado un rango administrativo destacado que bien podría haber sido el de la ciuitas Paesica (Villa, 2007:167-179).

 

Estado de Conservación

Recinto fortificado puesto en valor. Su estado de conservación es relativamente bueno ya que ha sido adecuado para su visita. Sin embargo, se necesitan trabajos de consolidación de algunos elementos, como la muralla, que en algunos sectores, su lienzo externo se ha venido abajo.  

Leyendas y tradiciones

El solar de la fortificación siguió siendo usado como lugar de ferias por lo menos durante el siglo XVII, según documentación del Archivo Histórico Provincial (Jordá, 2009).

Bibliografía

CALO LOURIDO, F. (1994) A plástica da cultura castrexa galego-portuguesa. Ed. Fundación Barrié. 

CUESTA, F.; JORDÁ, J.; MAYA, J.L.; MESTRES, J. (1996): «Radiocarbono y cronología de los castros asturianos», en Zephyrus 49. Salamanca, 225-270.

FANJUL PERAZA, A.(2004) Los Castros de Asturias, una revisión territorial y funcional. Ayuntamiento de Teberga.

FANJUL PERAZA, A.(2014) Los Astures y el Poblamiento Castreño en Asturias. Tesis Doctoral. Universidad Autónoma de Madrid.

GARCÍA MARTÍNEZ, M., JORDÁ PARDO, J.F., ADÁN ÁLVAREZ, G., MANZANO HERNÁNDEZ, M.P., MESTRES J.S. y SOTO, E. (2000): El castru de San Chuis (Allande). Mas de milenta años d’opupación nun pobláu protohestóricu del occidente asturianu. Asturies, Memoria encesa d’un país. 10, 4-25.

GARCÍA MARTÍNEZ, M. y JORDÁ PARDO, JF., (1997) El Castro de San Chuis (Pola de Allande). La recuperación de un enclave para la prehistoria de Asturias. Memorias de Historia Antigua, XVIII, 319-338

GONZÁLEZ Y FERNÁNDEZ-VALLES, J. M. (1976), Miscelánea Histórica Asturiana. Oviedo.

GONZÁLEZ Y FERNÁNDEZ-VALLES, J. M. (1976b), Antiguos Pobladores de Asturias. Protohistoria. Collección Popular Asturiana. Ayalga Ediciones. Oviedo.

GONZÁLEZ Y FERNÁNDEZ-VALLES, J. M. (1978), Asturias protohistórica, Historia de Asturias, 2, Ed. Ayalga, Salinas. 

JORDÁ PARDO, J.F.(2009): Descubriendo el castro de San Chuis (Allande, Asturias): Nuevas aportaciones al conocimiento de la cronología radiocarbónica de los castros asturianos. Entemu. Volumen XVI. UNED

MAYA GONZÁLEZ, J.L. (1988): La cultura material de los castros asturianos. Estudios de La Antigüedad 4/5. Publicacions de la Universitat Autónoma de Barcelona.

VILLA VALDÉS, A. (2007): «El Pico San Chuis: reseña de un yacimiento pionero en la investigación castreña en Asturias», en Sautuola XII. Santander, 167-179.

VILLA VALDÉS, A. & MENÉNDEZ GRANDA, A. (2011): «Estudio cronoestratigráfico de las murallas del castro de San Chuis, en San Martín de Beduledo (Allande)», en el Boletín del Real Instituto de Estudios Asturianos 173-174. Oviedo, 159-179.

 

 

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