El Picu San L.luis

Localización

San Martín de Beduledo, parroquia de Celón.

Denominación

San Chuis, Picu San L.luis

Historiografía

Historiográficamente conocido como San Chuis, fue descubierto por José Lombardía Zardaín en 1952 y reconocido como castro en 1955 por Francisco Jordá Cerdá y Carlos María de Luis. Posteriormente, el 23 de julio de 1962, José Manuel González y Fernández Valles visitará el yacimiento y lo añadirá a su catálogo de castros de 1966. El yacimiento igualmente será incluido en la Carta Arqueológica del concejo de Ayande elaborada en 1990 por Jorge Camino Mayor y Yolanda Viniegra Pacheco.

Régimen de Protección Legal

Incluido en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias (IPCA) del 23 de diciembre del 2013 y en el Catálogo Urbanístico del concejo de Ayande.  Declarado como Bien de Interés Cultural (BIC) el 14 de Mayo de 2014.

Descripción Arqueológica

Se emplaza en lo alto de un pico con una cota comprendida entre 740 y 780 metros sobre el nivel del mar que remata una pequeña sierra limitada por dos pequeños ríos.

Según González (1976b, 1978) el castro posee un recinto triangular de unos 90 x 120 metros y superficie aplanada, suavemente basculada de Sur a Norte. Su  aparato defensivo, simplificado al Norte por la elevada y pronunciada pendiente de la ladera del cordal, se intensifica especialmente en el ángulo W del recinto, por ser el punto más accesible y se compone de una muralla que lo circunda, un fuerte bastión y un sistema de seis fosos paralelos, destacando por su gran longitud el quinto que, por el lado S, pasa de 300 metros (González, 1976b y 1978). 

Según José Luis Maya (1988), la planta del recinto es triangular y comparte la descripción del aparato defensivo del profesor González, es decir, un primer elemento defensivo compuesto por un gran foso en el sector occidental que protegería una amplia área o antecastro y a continuación una serie de 5 fosos y contrafosos sucesivos que culminarían en un bastión o torreón defensivo. La muralla en el frente oriental presenta un ancho doble, mostrando un sistema de tramos independientes oblongos  que se yuxtaponen unos a otros, según el modelo de “muralla de módulos”. Se refieren de 6 a 7 módulos a lo largo de 76 metros hasta la puerta de acceso al recinto que se fundamenta en un basamento escalonado y está delimitada en el lado opuesto por otro muro de grandes dimensiones con un umbral a modo de encaje (Maya, 1988).

Según Jesús F. Jordá Pardo (2009) aparte de las defensas naturales del promontorio el castro fue dotado de un complejo sistema defensivo que protegía sus vertientes N, E y W haciéndolo inexpugnable. Todo el perímetro del recinto se encuentra rodeado por una muralla de módulos compuesta hacia el N por un muro de unos 2 metros de anchura que en el ángulo NE llega a los 4 metros, duplicándose en el frente oriental mediante un bastión delantero en la zona de acceso. La entrada está conformada por un basamento escalonado y delimitado por su lado opuesto por otra estructura pétrea de grandes dimensiones atravesada por un umbral. Los elementos defensivos que complementan esta muralla se componen de un primer foso en el frente E, que delimita un antecastro, y un conjunto de cinco fosos sucesivos asociados a parapetos intermedios. Éstos se concentran en la vertiente meridional, la de mayor accesibilidad por ser la zona de unión del pico con la sierra y culminan en el bastión.

Las numerosas excavaciones arqueológicas que se llevaron a cabo en el lugar sacaron a la luz dos áreas bien diferenciadas: El denominado «barrio bajo”, se extiende en el ángulo NE del emplazamiento y está caracterizado por el predominio de las estructuras circulares, unas 15, con muros de aparejo irregular de pizarra trabada con barro y una circular, además de dos remodelaciones en estructuras circulares a las que se les han añadido muros rectilíneos, formando estructuras complejas con varias habitaciones. El “barrio alto”, situado en la acrópolis del poblado, se caracteriza por unas construcciones rectangulares levantadas tanto con sillarejo de pizarra y, algunas, con sillares de arenisca; también se documentaron 4 circulares que fueron arrasadas por muros rectilíneos añadidos. La superposición de las construcciones de planta cuadrada y rectangular sobre las de forma curvilínea muestra las diferentes fases cronológicas registradas en el yacimiento (Jordá Pardo, 2009).

Según Fanjul (2014) es descrito como un castro de grandes dimensiones, de unos 120 x 120 metros con un sistema defensivo compuesto por una muralla y un conjunto multivallado de 4 fosos en sus vertientes S y SW, con algún elemento disperso en el NE, quedando el resto de vertientes protegidas por la pendiente natural. Entre las líneas de defensa 2, 3 y 4 se refiere la existencia de una especie de pasillo intermedio, que en la 1, la exterior, está completamente cerrado, sugiriendo que cubría una entrada interior que obligaba a recorrer la casi totalidad de su cara interna. Las dimensiones de estos elementos en la actualidad apenas superan los 2 metros de profundidad y 2 metros de altura (Fanjul, 2014)

Cultura Material

Fue excavado por el profesor Francisco Jordá Cerdá en 1962 y 1963, retomando las intervenciones arqueológicas en 1979 hasta mediados de los años ochenta, en 1986. Según Maya (1988) se han documentados diversos fragmentos de cerámica indígena lisa y cantidades menores decorados con líneas bruñidas o estampillados de círculos concéntricos y SSS. Las cerámicas romanas son las más abundantes, siendo las sigillatas itálicas y las gálicas escasas, dos fragmentos, frente a las hispánicas fechadas a mediados del I y el II. Para las fases más tardías “alguna cerámica a peine o con decoración de ondas incisas, así como algún fragmento de cocción a altas temperaturas que produce sonido metálico,” que parecen indicar una ocupación residual entre las ruinas de las edificaciones romanas. También aparecieron dos fíbulas de botón fechadas en el siglo I d.C, un ejemplar de fíbula simétrica, de época romana, otro de fíbula romana de tipo Aucissa, también con una cronología en el siglo I d.C, así como dos prendedores laciformes, dos hebillas anulares y dos fragmentos de placas de cinturón. En lo referente los materiales líticos se documentó un molino barquiforme de granito así como algunos fragmentos de tipo oblongo y borde plano (Maya, 1988:262). Destacar también una moneda atribuida a Tiberio, un tablero de juego o cálculo piqueteado sobre el umbral de una de las cabañas del sector meridional y, sobre todo, una cabeza insculpida en piedra, que fue interpretada por su descubridor como representación de Hermes y que hoy se considera una muestra rústica del arte provincial de época romana (CALO, 1994: 721).

Periodización

A partir de fechas 14C calibradas, la estratigrafía documentada y los materiales recuperados se han reconocido tres fases de ocupación que arrancan en la Primera Edad del Hierro y finalizan en período romano, abarcando un lapso cronológico aproximadamente de un milenio. La ocupación más antigua corresponde a la Primera Edad del Hierro, entre 830 y 420 cal BC, la fase intermedia se enmarcaría en la Segunda Edad del Hierro, entre 700 y 130 cal BC y la última correspondiente a época romana abarcaría desde el 110 cal. BC al 530 cal AD (Marín et al., 2008; Jordá et al., 2011).

En base a su ubicación en una posición dominante sobre otros castros, controlando el punto donde se unen varias vías romanas (la proveniente de Astorga, la que cruzaba transversalmente la región y las “rutas del oro” que discurrían por las sierras de Valledor), su cercanía a importantes explotaciones auríferas, así como sus grandes dimensiones, el Picu de San L.luis pudo haber ostentado un rango administrativo destacado que bien podría haber sido el de la ciuitas Paesica (Villa, 2007:167-179).

Estado de conservación

Recinto fortificado puesto en valor. Su estado de conservación es relativamente bueno ya que ha sido adecuado para su visita. Sin embargo, se necesitan trabajos de consolidación de algunos elementos, como la muralla, que, en algunos sectores, su lienzo externo se ha venido abajo.

Leyendas y tradiciones

El solar de la fortificación siguió siendo usado como lugar de ferias por lo menos durante el siglo XVII, según documentación del Archivo Histórico Provincial (Jordá, 2009).

Enlaces

Bibliografía

CALO LOURIDO, F. (1994) A plástica da cultura castrexa galego-portuguesa. Ed. Fundación Barrié. 

CUESTA, F.; JORDÁ, J.; MAYA, J.L.; MESTRES, J. (1996): «Radiocarbono y cronología de los castros asturianos», en Zephyrus 49. Salamanca, 225-270.

FANJUL PERAZA, A.(2004) Los Castros de Asturias, una revisión territorial y funcional. Ayuntamiento de Teberga.

FANJUL PERAZA, A.(2014) Los Astures y el Poblamiento Castreño en Asturias. Tesis Doctoral. Universidad Autónoma de Madrid.

GARCÍA MARTÍNEZ, M., JORDÁ PARDO, J.F., ADÁN ÁLVAREZ, G., MANZANO HERNÁNDEZ, M.P., MESTRES J.S. y SOTO, E. (2000): El castru de San Chuis (Allande). Mas de milenta años d’opupación nun pobláu protohestóricu del occidente asturianu. Asturies, Memoria encesa d’un país. 10, 4-25.

GARCÍA MARTÍNEZ, M. y JORDÁ PARDO, JF., (1997) El Castro de San Chuis (Pola de Allande). La recuperación de un enclave para la prehistoria de Asturias. Memorias de Historia Antigua, XVIII, 319-338

GONZÁLEZ Y FERNÁNDEZ-VALLES, J. M. (1976), Miscelánea Histórica Asturiana. Oviedo.

GONZÁLEZ Y FERNÁNDEZ-VALLES, J. M. (1976b), Antiguos Pobladores de Asturias. Protohistoria. Collección Popular Asturiana. Ayalga Ediciones. Oviedo.

GONZÁLEZ Y FERNÁNDEZ-VALLES, J. M. (1978), Asturias protohistórica, Historia de Asturias, 2, Ed. Ayalga, Salinas. 

JORDÁ PARDO, J.F.(2009): Descubriendo el castro de San Chuis (Allande, Asturias): Nuevas aportaciones al conocimiento de la cronología radiocarbónica de los castros asturianos. Entemu. Volumen XVI. UNED

MAYA GONZÁLEZ, J.L. (1988): La cultura material de los castros asturianos. Estudios de La Antigüedad 4/5. Publicacions de la Universitat Autónoma de Barcelona.

MOLINA SALIDO, J. (2018) From the Archaeological Record to Virtual Reconstruction: The Application of Information Technologies at an Iron Age Fortified Settlement (San Chuis Hillfort, Allande, Asturias, Spain)Archaeopress Publishing Ltd

VILLA VALDÉS, A. (2007): «El Pico San Chuis: reseña de un yacimiento pionero en la investigación castreña en Asturias», en Sautuola XII. Santander, 167-179.

VILLA VALDÉS, A. & MENÉNDEZ GRANDA, A. (2011): «Estudio cronoestratigráfico de las murallas del castro de San Chuis, en San Martín de Beduledo (Allande)», en el Boletín del Real Instituto de Estudios Asturianos 173-174. Oviedo, 159-179.

 

 

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