La Coroña El Castru

La Coroña El Castru

Vista general de La Coroña El Castru, (Imagen: Eduardo Pérez-Fernández © 2017)

Localización

Erías, parroquia de Fresnéu en Cabranes, Fresnadiellu, parroquia de Cecea en Nava y Villarriba, parroquia de Coya, Piloña. 

Referencias y Catalogación

Diversas citas de finales del siglo XVIII y principios del XIX hacen referencia a las ruinas de un castillo y de edificios antiguos en este lugar. Reconocido como castro en 1959 por José Manuel González y Fernández Valles, fue añadido a su catálogo de castros asturianos en 1967. Reconocido e incluido por Enrique Arnau Basteiro en la Carta Arqueológica de Piloña en 1985, por Leonardo Martínez Faedo y Fructuoso Díaz García en las Cartas Arqueológicas de Cabranes en 1993 y de Nava en 1994. También está incluido en el Catálogo de castillos y fortificaciones medievales y modernas en Asturias (Proyecto CASTELLA) de 2011 coordinado por Avelino Gutiérrez González.

Régimen de Protección Legal

Reconocido como bien arqueológico en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias (IPCA) del 23 de diciembre del 2013 y en los Catálogos Urbanísticos de los concejos de Cabranes, Nava y Piloña. 

Descripción

Se ubica en una elevación a 462 metros de altitud en el borde septentrional del surco prelitoral, controlando un importante tramo del río Piloña. 

  1959

Fue reconocido el 6 de agosto de 1959 por José Manuel González y Fernández-Valles. Según su archivo personal, consultado por los realizadores de la Carta Arqueológica del concejo de Cabranes, había 17 fichas con 6 croquis (una planta del recinto y 5 cortes transversales) y 17 fotografías del yacimiento.

Imagen aérea tomada el 09 octubre de 1956, tres años antes de su reconocimiento por José Manuel González y Fernández-Valles. Modelo Digital de Terreno a partir de datos LIDAR (PNOA 2012) e imagen 1956-1957 Vuelo Americano Serie B (Diseño: Eduardo Pérez-Fernández © 2021)

Gracias a esta documentación sabemos que el enclave tenía planta elíptica y estaba delimitado por un conjunto de dos fosos con sus respectivos parapetos intermedios en los sectores septentrional y occidental frente a un solo foso en el oriental y gran parte del meridional, quedando como el único sitio sin defensa clara el sudoeste.

 

Detalle de el aparato defensivo del recinto fortificado en el sector W, único lugar donde se aprecian sus huellas. (Imagen: Eduardo Pérez-Fernández © 2017)

La boca del primer foso alcanzaba los 6 metros de ancho teniendo el parapeto intermedio una altura variable de 3 a 6 metros desde la base del foso. Igualmente refiere la probable existencia de un torreón o un hoyo de saqueo en el extremo interior occidental del castro, justo sobre el primer foso: «En el vértice occidental de lo alto del castro hay un montículo de tierra con un hoyo circular de unos 5 m de diámetro y 3 m de hondo sin paredes de piedra».

En el espacio intramuros había una amplia plataforma sobre los fosos, altitudinalmente más baja que otra central interior, siendo la parte más alta y central relativamente plana.(Martínez Faedo y Díaz García, 1993)

 

Modelo Digital de Terreno a partir de datos LIDAR (PNOA 2012) e imagen 1973-1986 Interministerial (Diseño: Eduardo Pérez-Fernández © 2021)

  1988

Descrito durante la elaboración de la Carta Arqueológica de Piloña por Enrique Arnau Basteiro como un recinto de forma oval de unos 107 x 71 metros, que se distribuye en “dos plataformas más o menos llanas de 24 x 10 metros con orientación al S.

Estaba defendido por “un foso que bordea, perfectamente reconocible, la ladera N, mientras que la S apenas tiene vestigio de su presencia -circunstancia que puede ser motivada por la repetida plantación de eucaliptos y pinos- y en el extremo NW del eje mayor un camino sin uso que con toda seguridad aprovecha un foso complementario del que recorre la ladera N. Este segundo foso es visible en el perfil de la ladera no siendo así en los otros sectores de La Corona.” (Arnau, 1988:143)

En los extremos del eje mayor, el foso principal presentaba un desnivel “desde la plataforma o cima de 4,5 y 5 metros respectivamente” con un ancho máximo de 7 metros, unas dimensiones bastante grandes teniendo en cuenta la erosión y las colmataciones sufridas.Se refiere también la existencia de un “rampa” o posible acceso al recinto en el sector SE que no se corresponde con caminos o pistas recientes. (Arnau, 1988:144)

  1993

Descrito durante la elaboración de la Carta Arqueológica de Cabranes como un recinto de planta oval de unos 107 x 71 metros con dos plataformas interna más o menos llanas de 24 x 10 metros en sus ejes y orientadas al Sur. En el sector central se documenta una plataforma superior de unos 20 metros de anchura que cae progresivamente hacia los lados. Una rampa en el extremo SE del eje mayor que a simple vista no se corresponde con ninguno de los caminos o pistas ha sido interpretada, con todas las reservas, como un acceso al mismo.

El sistema defensivo estaba compuesto por un sistema de dos fosos continuos y un contrafoso intermedio. El foso externo conservaba unos tres metros tanto de profundidad como de ancho. El interior era el más potente, alcanzando los seis metros de ancho por tres metros de profundidad, y bordeaba toda la ladera Norte, sin huellas en la meridional, posiblemente a causa de la repetida plantación de eucaliptos y pinos. Entre ambos se había un contrafoso de unos tres metros de altura formado por los materiales obtenidos de la excavación de los fosos. 

 

No se reconoce ninguna forma o acumulación de piedras u otros materiales de construcción como había descrito José Manuel González a finales de los años 50. Quizás en relación con estos restos puede ser en el sector W de un gran pozo de 2 metros de profundidad.(Martínez Faedo y Díaz García, 1993)

 

  2014

Castro de grandes dimensiones de unos 120 x 70 metros con orientación E-W y forma ovalada, defendido por “2 fosos en anillo no muy extensos, el primero de unos 3 metros de profundidad por 1 metro de ancho, y el segundo o interior, de 6 metros de ancho por 3 metros de profundidad, a los que seguía un bastión defensivo como parte principal de una muralla que rodeaba la totalidad de la colina.“ Según este autor, existían dos plataformas abiertas en la vertiente Este y Oeste, donde se ubicaba la zona de hábitat, mientras que la acrópolis parece que era estéril arqueológicamente.” (Fanjul, 2014:158)

Periodización

En relación con este yacimiento se refieren los siguientes hallazgos:

  Período Romano

De finales del siglo XVIII, Lope José Bernardo de Miranda y Quirós, afirma que en “El monte de Torazo llamado de Corona de Castro, sobre cuya cumbre hay ruinas de edificios y castillo antiquísimo y se encontraron no hace muchos años monedas romanas». En 1900, refiere Bellmunt y Traver que “quedan ruinas de vetusta fortaleza, en cuyas cercanías se encontraron monedas romanas imperiales”. Suponiendo que se trate del mismo hallazgo, añade más información al hallazgo, serían monedas «imperiales» romanas y se habrían localizado fuera del recinto, en las «cercanías». El paradero de estas monedas es desconocido. (Martínez Faedo y Díaz García, 1993)

El 1 de abril de 1985 Joaquín Alejo Lloris, entonces alcalde-presidente de la corporación del municipio, durante una visita al yacimiento, dos días antes de las primeras obras de desmantelamiento parcial de la fortificación, encontró una moneda que fue depositada en el Museo Arqueológico Provincial de Oviedo. Según su directora en aquel momento, Matilde Escortell Ponsoda, fue catalogada como elemento sin valor numismático al tratarse de la imitación de un bronce hispanorromano. (Martínez Faedo y Díaz García, 1993)

  Indeterminado

Durante la elaboración de la Carta Arqueológica, sus autores refieren la recogida por Enrique Caso de «algunas cerámicas con decoración peinada» que fueron depositados en el Museo Arqueológico Provincial de Oviedo. Con la sigla CC-1-94 es descrito como un fragmento de galbo con restos de decoración peinada en retícula ancha y muy poco profunda, con unas dimensiones de 2,8 x 2,5 x 0,7. Puede ofrecer una cronología muy amplia, desde la Edad del Hierro a época medieval. (Martínez Faedo y Díaz García, 1993)

Otro fragmento (curiosamente con una sigla parecida, C-01-94) fue localizado por el propio Vicente Rodríguez Otero el 13 de junio de 1994, durante una inspección para reconocer los daños sufridos en el yacimiento. Se trata de un pequeño fragmento cerámico descrito como un “fragmento de galbo curvo, de pasta de amasado profundo y arcilla con degradantes escasos, muy pequeños, posiblemente cuarcíticos y micáceos. Cocción reductora y fabricada a torno.” Sus pequeñas dimensiones, 2,58 cm alto x 3,37 cm ancho x 0,6 cm de espesor así como su tipología amorfa impiden su enmarque. (Martínez Faedo y Díaz García, 1993)

Igualmente, durante la prospección del yacimiento para dicha Carta Arqueológica también se recogió un bloque de arenisca escuadrado en la escombrera de la zona sur del recinto, con unas dimensiones son de 22 x 22 x 16. (Martínez Faedo y Díaz García, 1993)

A falta de una excavación arqueológica, solo teniendo en cuenta los hallazgos arriba referidos, parecen constatarse fases de ocupación romana como mínimo, sin descartar un horizonte previos ni posteriores.

Estado de Conservación

En un análisis más reciente del lugar que hemos llevado a cabo a través de nuevas herramientas SIG, el espacio compuesto por el recinto y los elementos defensivos abarca una superficie de unos 15.493 m². Las diversas afecciones sufridas, entre desmontes y colmataciones afectan al 78% del conjunto, es decir, unos 12.202 m², por lo que incluimos el yacimiento arqueológico con un estado de conservación crítico. La evolución de los daños sufrido es la siguiente:

 

Estado actual de La Corona El Castru, afectada por un cortafuegos: (Imagen: Eduardo Pérez-Fernández © 2017)

Durante el reconocimiento del lugar en 1959 por José Manuel González y Fernández-Valles y posteriormente, en 1961, observó varios hoyos de saqueo en distintos puntos del recinto así como en el foso interno del sector NW. Refiería un enorme hoyo en el extremo occidental de unos 5 metros de largo y 3 de profundidad asociado a una escombrera que se disponía en forma de montículo a su alrededor.

Enrique Arnau Basteiro visitará el yacimiento durante la elaboración de la Carta Arqueológica de Piloña, refiriendo la existencia de un «gran pozo de unos dos metros de profundidad». El yacimiento también había sido cubierto por un eucaliptal lo que provocó remociones del terreno más o menos intensas y profundas.

Inmediatamente después de su visita, a finales de marzo, una pala excavadora abrirá una zanja longitudinal de unos 5 metros de ancho a través del eje mayor del poblado. Dicho cortafuegos levantó la capa húmica y los niveles de base, cortando y colmatando los fosos a su paso.

El hecho alcanzó bastante repercusión mediática tanto en la prensa regional como local, apareciendo referencias en La Voz de Asturias, La Nueva España y El Eco de Cabranes. El 3 de abril se realizó una inspección en el lugar a solicitud de la Consejería de Cultura del Principado de Asturies llevada a cabo por Elías Carrocera Fernández, que confirmó los daños ocasionados.

En 1992, y en relación con una repoblación de pinos en la ladera suroriental en terrenos del Ayuntamiento de Nava, el yacimiento arqueológico volverá a sufrir otra nueva agresión. El cortafuegos fue perfilado y ensanchado de nuevo hasta alcanzar los 10 metros. Las destrucciones aumentaron cuantitativa y cualitativamente, afectando en sobre todo al recinto. Las defensas volvieron cortarse y colmatarse. (MARTÍNEZ FAEDO, Leonardo, y DÍAZ GARCÍA, Fructuoso: 1993)

El autor de la Carta Arqueológica de Piloña suma, a los daños documentados en los últimos años, la existencia de dos catas en el sector occidental. La más pequeña, colmatada y de planta cuadrada, es interpretada como obra de furtivos mientras que la mayor es interpretada como un gran pozo de unos dos metros de profundidad posiblemente también debido expoliadores. (Arnau, 1988:143)

En 1994 vuelverá a producirse otra denuncia, por lo que el 13 de junio, mediante instrucción de la Consejería de Cultura, inspeccionará el yacimiento Vicente Rodríguez Otero, arqueólogo del Servicio de Patrimonio Histórico, para valorar el alcance de los ñuevos daños. Del informe realizado se desprenden más alteraciones en el conjunto, como una nueva zanja de unos 155,2 metros de longitud con ancho variable de 11 a 22 metros, que ampliaba la anterior. Los escombros resultantes durante la ejecución de la trinchera se depositaron en ambas pendientes, sobre todo con mayor presencia en la meridional.

Las estructuras defensivas sufrieron una profunda alteración, colmatándose los fosos con escombros y seccionando los parapetos intermedios. La valoración cualitativa de lo destruido fue muy negativa, señalando modificaciones en las defensas así como la desmantelación de la zona interior, la que tenía un mayor potencial arqueológico del yacimiento. Según el informe, se destruyó entre un 40-45 % de la superficie útil del recinto.

Leyendas y tradiciones

El lugar, según los lugareños, fue ocupado por los moros, donde tenían un palacio. Huyeron del castro por la noche ante la llegada de un poderoso ejército, que en realidad era un rebaño de cabras con velas encendidas en los cuernos. Como en otros lugares, los moros antes de abandonar el palacio dejaron enterrado un tesoro. También cultivaban tierras en El Llosu de la Tía Ritoria y se comunicaban con el exterior a través de una galería por la Cueva del Melón, en la falda septentrional.

También se decía que las “bruxas” se reunían a las doce de noche allí para conjurar al diablo, celebraban bacanales y decidir las futuras muertes de personas y ganados. (Martínez Hombre 1956) (MARTÍNEZ FAEDO, Leonardo, y DÍAZ GARCÍA, Fructuoso: 1993)

Bibliografía

ARNAU BASTEIRO, E. (1988): «La ecuación toponímica Paelontium/Beloncio» Memorias de Historia Antigua, Nº 9. pp: 137-152

BELLMUNT Y TRAVER, Octavio (1900): «Cabranes», en «Asturias», tomo III, Gijón.

FANJUL PERAZA, A.(2004) Los Castros de Asturias, una revisión territorial y funcional. Ayuntamiento de Teberga.

FANJUL PERAZA, A.(2014) Los Astures y el Poblamiento Castreño en Asturias. Tesis Doctoral. Universidad Autónoma de Madrid.

GONZÁLEZ Y FERNÁNDEZ-VALLES, J. M. (1976), Miscelánea Histórica Asturiana. Oviedo.

MARTÍNEZ FAEDO, L. y DÍAZ GARCÍA, F. (1993): Carta Arqueológica del Concejo de Cabranes, sin editar, depósito Consejería de Cultura.

MARTINEZ FAEDO, L. y DÍAZ GARCÍA, F. (1994) Inventario arqueológico de Nava. Documentación inédita depositada en la Consejería de Cultura del Principado de Asturias.

RODRÍGUEZ OTERO, V. : Arqueología. La Coroña del Castru. Enciclopedia de Cabranes.net. 

 

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